Colombia perdió casi un tercio de su producción minera en una década

2026-09-29 20:03:29 - MUNDO

Colombia está perdiendo músculo minero-energético y, con ello, ingresos, exportaciones y autosuficiencia energética. El sector acumula más de una década de rezago, mientras la menor oferta de gas y la llegada de El Niño elevan los riesgos para la economía.

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Las alertas hacen parte de un análisis realizado por el centro de pensamiento Anif, en conjunto con el Centro Regional de Estudios de Energía (CREE). Según el informe, el deterioro ya tiene efectos concretos: la producción de petróleo cayó desde niveles cercanos a un millón de barriles diarios en 2012-2013 hasta alrededor de 735.000 barriles diarios en lo corrido de 2026, mientras las reservas probadas de gas alcanzan apenas para 5,9 años de producción.

El escenario podría complicarse por las presiones sobre el sistema eléctrico. Una menor disponibilidad de agua durante El Niño obligaría a aumentar el uso de generación térmica, con posibles efectos sobre los costos de la energía, la inflación y la competitividad de las empresas.

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El rezago del sector se refleja en la diferencia frente al comportamiento general de la economía. Mientras el PIB colombiano creció 37,4% entre 2013 y 2026, el valor agregado de minas y canteras se encuentra cerca de 30% por debajo de su nivel de 2013.

El principal origen está en la menor producción de hidrocarburos. El petróleo pasó de niveles cercanos a un millón de barriles diarios en 2012-2013 a alrededor de 735.000 barriles diarios en lo corrido de 2026.

En el caso del gas, la producción mantiene una trayectoria descendente y las reservas probadas cayeron 16,8% en 2025.

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Este menor dinamismo también modificó el peso del sector en las exportaciones. La actividad minero-energética pasó de representar más de 60% de la canasta exportadora colombiana a cerca de 44%.

Anif advierte que esta reducción no necesariamente refleja una mayor diversificación de las ventas externas.El valor de las exportaciones minero-energéticas también ha caído, lo que indica que buena parte de la pérdida de participación responde al retroceso del propio sector y no únicamente al crecimiento de otros renglones exportadores.

El deterioro de la actividad también se trasladó a las finanzas públicas. El recaudo de renta corporativa proveniente del sector minero-energético pasó de $20,5 billones en 2012 a $4,4 billones en 2025, medidos en pesos constantes.

La caída resulta significativa para las cuentas públicas porque el sector genera actividad económica, exportaciones, divisas, impuestos y regalías.

De acuerdo con los cálculos de Anif, si se hubieran mantenido los niveles de producción de petróleo y minería, el recaudo tributario de 2025 habría sido superior en aproximadamente $6 billones.

Sin embargo, el sector todavía conserva un potencial importante. Según cifras del CREE citadas por Anif, podría generar entre $162 billones y $695 billones en ingresos fiscales acumulados hacia 2050, dependiendo del ritmo de la transición energética y, principalmente, de la inversión destinada al desarrollo de reservas y recursos contingentes y prospectivos de hidrocarburos.

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Un escenario de transición rápida limitaría esos ingresos a cerca de $162 billones, mientras que un mayor desarrollo del potencial del subsuelo permitiría alcanzar hasta $695 billones, además de reducir la dependencia de las importaciones y aumentar la generación de divisas.

Uno de los principales retos identificados por Anif está en el abastecimiento de gas natural.

La producción nacional mantiene una tendencia descendente y las reservas probadas equivalen a apenas 5,9 años de producción, uno de los niveles más bajos frente a varios países de la región.

El problema ya no se limita a un eventual agotamiento de las reservas. Colombia ha comenzado a depender de las importaciones para cubrir su demanda.

Actualmente, 30,8% de la demanda nacional de gas se abastece con gas importado, proporción que podría aumentar si no entran nuevos volúmenes de producción.

Esta dependencia también expone al país a los precios internacionales y a la volatilidad de los mercados. Los choques geopolíticos recientes han mostrado que tanto el precio como la disponibilidad del gas pueden verse afectados por interrupciones en las cadenas globales de suministro.

Para los hogares, las empresas y la generación eléctrica, una mayor dependencia externa puede traducirse en mayores costos.

Colombia todavía cuenta con recursos contingentes y prospectivos de gas que no se han convertido en reservas ni en producción efectiva.

Su desarrollo permitiría sostener e incluso ampliar la oferta durante la próxima década. Para lograrlo, Anif señala la necesidad de avanzar en exploración y superar obstáculos técnicos, contractuales, ambientales y de infraestructura.

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En particular, los proyectos costa afuera del Caribe adquieren relevancia porque concentran una parte importante del potencial adicional de gas del país.

En el corto plazo,las importaciones y la ampliación de la infraestructura de regasificación seguirán siendo necesarias para garantizar el abastecimiento.

La entrada de la Regasificadora del Pacífico permitiría diversificar los puntos de suministro y atender parte de la demanda creciente del suroccidente colombiano.

Sin embargo, Anif advierte que esta infraestructura debe entenderse como un complemento de la producción nacional. La importación permite cubrir la brecha, pero mantiene al país expuesto a los precios internacionales y no resuelve la disminución estructural de la oferta doméstica.

El otro gran riesgo coyuntural identificado por Anif es el fenómeno de El Niño, que podría convertirse en uno de los episodios más intensos de las últimas tres décadas.

Colombia tiene una alta dependencia de la generación hidráulica, que representa 62% de la matriz energética. Por eso, una reducción de las lluvias y de los niveles de los embalses aumenta la necesidad de utilizar otras fuentes de generación.

Los episodios de El Niño de 2009-2010, 2015-2016 y 2023-2024 muestran que, cuando disminuye la generación hidráulica, aumenta el uso de combustibles fósiles como respaldo.

En lo corrido de 2026, el volumen útil de los embalses se ha mantenido por debajo de la senda de referencia de la CREG y se ubicó en 77,9% en septiembre.

Las proyecciones citadas por Anif apuntan a un deterioro durante los primeros meses de 2027, cuando las reservas podrían caer hasta un mínimo cercano a 36,3% en abril, cerca del límite inferior de su rango histórico.

Aunque las fuentes no convencionales, principalmente solar, eólica y biomasa, han ganado participación, la generación térmica continúa siendo necesaria para respaldar el sistema durante periodos de estrés hídrico.

Una menor disponibilidad de agua implica una mayor utilización de plantas térmicas, que emplean principalmente gas y carbón. Esto puede elevar los costos de generación y trasladarse posteriormente a las tarifas de hogares y empresas.

El efecto de El Niño, además, podría llegar a los precios de los alimentos. Históricamente, los mayores déficits de precipitación durante estos episodios se han concentrado en buena parte del centro y norte del país, zonas con una participación importante en la producción agrícola.

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El choque podría afectar simultáneamente los precios de los alimentos y la energía, componentes que representan cerca de 19% de la canasta de consumo de los hogares. Según las estimaciones de Anif, El Niño podría añadir entre 60 y 70 puntos básicos a la inflación.

Aunque se trataría de un choque de oferta transitorio, los analistas advierten que sus efectos podrían trasladarse a las expectativas de inflación y a la negociación del salario mínimo, limitando el espacio para reducir las tasas de interés.

El impacto no se limita a los hogares. La energía tiene un peso significativo en los costos de determinadas actividades productivas.

Según los cálculos de Anif con base en información del Dane, el servicio de energía puede representar cerca de 20% de los costos operativos en algunos sectores y alrededor de 10% en determinadas actividades manufactureras.

Un aumento sostenido de los costos energéticos podría reducir los márgenes de las empresas o trasladarse a los precios finales.

Además, una energía más costosa puede deteriorar la competitividad de la producción nacional frente a los bienes importados y limitar la capacidad de las empresas colombianas para competir en los mercados internacionales.

Para los analistas de Anif, recuperar el dinamismo del sector energético resulta relevante para el crecimiento económico, la competitividad y las finanzas públicas.

El análisis señala que, por cada peso de PIB generado, el sector de hidrocarburos aporta cerca de 2,8 veces más ingresos fiscales que la industria manufacturera, además de generar regalías y divisas.

Por ello, Anif considera necesario avanzar en la puesta en marcha de proyectos capaces de aumentar la oferta energética y superar los cuellos de botella que han retrasado nuevas inversiones.

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Entre las acciones planteadas están agilizar los procesos de licenciamiento y consultas, fortalecer la estabilidad jurídica y construir acuerdos con las comunidades y los territorios.

El análisis plantea que la transición energética debe avanzar atendiendo simultáneamente las tres dimensiones del llamado trilema energético: seguridad del suministro, precios competitivos y sostenibilidad ambiental.

El reto, según Anif, es lograr que la transición avance sin comprometer la seguridad energética, la competitividad del aparato productivo ni la sostenibilidad fiscal del país.

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