El voto de Brasil está atrapado entre la polarización y el hartazgo

2026-10-07 17:31:30 - MUNDO

Las imágenes de las concentraciones partidistas pre y poselectorales en Brasil pueden dar lugar a malentendidos, ya que demuestran un alto nivel de movilización ciudadana en torno a los dos candidatos, Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva.

Pero, detrás de estas impresiones, se esconden dos realidades contradictorias: por un lado, un alto nivel de polarización política que se reproduce desde las elecciones pasadas (2022) y antepasadas (2018), con el enfrentamiento de los mismos dos campos políticos.

Por otro lado, un creciente sentimiento de fastidio en el electorado ante un enfrentamiento estéril, que no genera mejoras sensibles en la vida cotidiana, ya sea en materia de seguridad o con respecto a los ingresos del hogar.

Un indicador del desencanto es la abstención, que alcanzó el 21,08 % en las elecciones presidenciales de Brasil celebradas el domingo 4 de octubre, con 33 millones. de electores que no acudieron a las urnas sobre un censo de más de 158 millones de personas.

De hecho, no se registró ningún cambio importante frente a las cifras de las elecciones de 2022, pero representa la base electoral desde la cual Lula desea remontar la desventaja del 2 % que sufrió en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Pero no será suficiente, ya que existe un 8 % de votos que se registraron a favor de otros candidatos minoritarios que se declararon neutrales para la segunda vuelta.

Sin embargo, es de esperar que los votos de sus electores se inclinen más probablemente hacia Bolsonaro, de manera que Lula necesitaría capitalizar casi un 10 % adicional si desea repetir su victoria de 2022.

Además, tiene que afrontar la solidez del voto evangélico asociado a Bolsonaro y su familia, que Lula no ha logrado penetrar en los cuatro años pasados. Por lo tanto, la estrategia de potenciar su caudal de votos entre los abstencionistas será una tarea nada fácil en las tres semanas que quedan hasta el día de la segunda vuelta, el 25 de octubre.

La campaña electoral tampoco logró disipar el descontento de amplios sectores de la población con un estilo político caracterizado por la repetición de episodios del pasado. Las mutuas acusaciones de corrupción y el escándalo del Banco Master, en el que estuvieron implicados autoridades políticas, funcionarios del Banco Central y miembros del Poder Judicial, generaron un cansancio en la población con un sistema político y judicial que no escapa a las experiencias del pasado, como los jugosos contratos de consultoría para funcionarios públicos y la disposición de departamentos de lujo para sus familiares.

El hecho de que los dos candidatos y sus asesores estuvieran involucrados en el escándalo, reveló una vez más que no se han tomado en serio las enseñanzas de crisis anteriores para evitar que los intereses económicos y políticos se mezclen. Ante la profundidad de la crisis del Banco, la confianza ciudadana en la política, en los políticos y en un sistema político incapaz de mantenerse fuera de los ámbitos criminales se ha visto profundamente afectada.

Como en el sistema de partidos vuelven a dominar las mismas figuras o familias, no se vislumbra ninguna innovación política que fuera capaz resolver hacia el futuro el estancamiento en el cual se encuentra enclaustrado el quehacer político brasileño.

Desde su fundación en 1980, el PT se había convertido en un ejemplo de desarrollo partidista más exitoso e innovador de la región. Gracias a Lula da Silva, pudo consolidar su presencia territorial y representar a trabajadores y campesinos de diferentes sectores, así como a ecologistas, izquierdistas y seguidores de la teología de la liberación.

La ausencia de un liderazgo en el PT más allá de la figura de Lula es uno de los indicadores del envejecimiento no solo de líder octogenario, sino también de las propias estructuras del PT.Brian Snyder/REUTERS

Pero la larga experiencia en la responsabilidad gubernamental también ha llevado a un cierto estancamiento: el lema de Lula en la campaña actual de que su cuarto y último gobierno sería el más exitoso ya no ha podido aglutinar tanto apoyo como él esperaba. La ausencia de un liderazgo más allá de la figura de Lula es uno de los indicadores del envejecimiento no solo de su líder octogenario, sino también de las estructuras del PT, que en el pasado había logrado reunir múltiples agrupaciones sociales mucho más allá del proyecto obrerista que marcó su inicio político. La personalidad carismática de Lula y su capacidad para conciliar las diferentes corrientes dentro del partido fue un elemento central para alcanzar las mayorías electorales en las diferentes campañas.

Fernando Haddad, el delfín destinado a suceder a Lula, fue derrotado de nuevo en la primera vuelta de las elecciones a gobernador de São Paulo, donde obtuvo el 36,4 % de los votos válidos frente al 62,6 % de Tarcísio de Freitas (Republicanos), apoyado por el bolsonarismo. Haddad, que hasta marzo fue ministro de Hacienda, es el caso más emblemático de los ministros que dejaron el gobierno de Lula para ser candidatos, pero no lograron ser elegidos; lo mismo sucedió con Gleisi Hoffmann, exministra de Relaciones Institucionales, y con Marina Silva y Simone Tebet, que lideraron las carteras de Medio Ambiente y Planificación, respectivamente.

El PT afronta ahora su reto central: recalibrar el partido en una era pos-Lula y ante el avance de una derecha que parece capaz de arrebatarle el liderazgo en Brasil. Como recordó el analista Aníbal Pérez-Liñán, el PT se enfrenta a una situación que no permite una salida fácil: "Sin la candidatura de Lula, el partido no tiene confianza; con su candidatura, el partido no tiene futuro".

Con la candidatura de Flavio Bolsonaro se vislumbra una segunda etapa del bolsonarismo en el país. Tras la presidencia de Jair Bolsonaro (2019-2023), se abre la posibilidad de un nuevo episodio del proyecto político familiar que ha logrado enraizarse en Brasil. Bolsonaro II puede contar con apoyo familiar ya que casi todos los miembros de la familia Bolsonaro han conseguido escaños en el Senado: la exprimera dama Michelle Bolsonaro y Carlos Bolsonaro, uno de los hijos del expresidente, lograron una plaza.

7 de septiembre de 2026: seguidores de Flávio Bolsonaro se manifiestan por las calles de São Paulo.Alexandre Meneghini/REUTERS

Más allá de la elección presidencial, el partido de Bolsonaro ejercerá una influencia casi hegemónica en el Senado y una influencia reforzada en el Parlamento . Además, llega a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales con una ventaja inesperada de votos.

Es de esperar que, si gana la segunda vuelta, "Bolsonaro II" afecte profundamente a las instituciones de control; por ejemplo, el Tribunal Supremo Federal (STF) quedará muy debilitado, ya que, por un lado, sus jueces pueden enfrentar un proceso de destitución por parte del Senado y, por otro, deberán sustituirse tres jueces por el cumplimiento de sus mandatos. El PL creció a costa del llamado Centrão, un conjunto de partidos de centroderecha que tiende a darle mayoría a cualquier Gobierno a cambio de beneficios y cargos públicos.

La tendencia autocrática no se ha frenado y se vaticinan tiempos difíciles para la democracia en Brasil. La influencia de Trump sigue teniendo un peso significativo en los resultados electorales de América Latina.

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(ms)

Fuente: dw.com
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